DIARIO DE VIAJE
DÍA 1: Llegada a Colombo.
Nuestro viaje comenzó en el aeropuerto Madrid-Barajas, y en poco más de 15 horas aterrizábamos en Colombo, la capital de Sri Lanka. Serian las 4 de la mañana cuando llegamos. Muertos de sueño, cogimos un taxi que nos llevó a nuestro humilde alojamiento de los dos próximos días en Negombo, una pequeña localidad a 11km del aeropuerto. (Pincha aquí tienes toda la información de nuestros alojamientos, presupuesto y ruta del viaje).
DÍA 2: Negombo, Alquiler Tuk Tuk, Negombo Beach y mercado de pescado.
Con el «jet lag» a flor de piel, comenzamos nuestro primer día de viaje saliendo en busca de nuestro tan esperado Tuk Tuk. La empresa que elegimos fue Tuktukrental, ya que era la que mejores vehículos y comentarios tenia.
Por la tarde, tras una larga siesta reponedora, nos fuimos a ver el atardecer a la playa de Negombo. La playa en sí misma no tiene ningún encanto, está llena de basura y el caos de la ciudad hace su eco en la orilla, sin embargo, es un punto local de reunión y siempre es interesante ver como la gente local sociabiliza entra ella.
Mientras el sol iba escondiéndose poco a poco entre los canales de Negombo, dimos un paseo al mercado de pescado, cenamos en un restaurante local y nos perdiéndonos por las calles de la pequeña ciudad.
DÍA 3: Viaje a Sigiriya y atardecer en Pidurangala Rock.
Amanece en Negombo, y tras desayunar nos lanzamos a la carretera con nuestro Tuk-Tuk dirección a Sigiriya. Nos separan 150km, a priori puede parecer una distancia corta, pero nuestro triciclo a penas llega a superar los 40km/h. Los kilómetros pasan lentamente en un entorno de auténtico caos. Rápidamente los autobuses y camiones nos dejan claro quien manda en estas carreteras, y no, no somos nosotros. Tardamos unas 5h en llegar a nuestro destino, una casa-árbol a las afueras de Sigiriya.
Tras dejar las mochilas en la habitación, nos tomamos un café con la propietaria y pusimos rumbo a la entrada de Pidurangala Rock (3€/1000rupias, horario 5:00am – 20:00) con la intención de ver el atardecer sobre la famosa Lion’s Rock. El ascenso a la cima de la roca, nos llevó unos 25 minutos, siendo el último tramo algo difícil. Una vez arriba comenzó el orgasmo visual, el paisaje desde este mirador es realmente impresionante y «no hay mucha gente», por lo que se puede disfrutar de una de las mejores vistas del viaje en una relativa soledad. Sobre las 6 de la tarde el sol comenzó a esconderse en el horizonte, dejando tras de si, una estela de colores formada a base de naranja flúor, plata y grises azulados, que contrastaban a la perfección con el verde de la selva, todo esto por supuesto, sin quitar el protagonismo al gigantesco monolito, el verdadero protagonista de la escena.
DÍA 4: Visita Lion's Rock y avistamiento de " La Concentracion" en Minneriya National Park.
Nos levantamos con los primeros rayos de sol con el objetivo de subir pronto a Lion’s Rock, evitando así el calor del medio día. Tras pagar la correspondiente entrada entramos al recinto palaciego (30€ EFECTIVO, nosotros tuvimos que darnos la vuelta porque no aceptaban tarjeta). El camino a la base de Lion’s Rock atraviesa unos jardines rectangulares increíbles, merece la pena perderse un poco por sus estanques repletos de flores de loto y observar a los numerosos monos que hay por la zona. La altura total de la roca es de 200m y el último tramo donde se encuentran las «garras del león» está a unos 40m de la cima. Una vez arriba recorrimos las ruinas del antiguo palacio/fortaleza aprovechando para tomar fotos y comer algo para reponer fuerzas. El descenso fue bastante rápido en comparación con la subida. Regresamos a nuestro alojamiento para comer y preparamos para el safari al atardecer en Minneriya National Park.
Contratamos la excursión directamente en nuestro alojamiento, ya que ellos tenían su propio Jeep y nos salió muy bien de precio. También nos comentaron que entre agosto y septiembre tiene lugar en Minneriya uno de los mayores espectáculos de toda Asia, lo llaman » La Concentración», ya que el Lago Wewa se convierte en un punto de reunión de más de 500 elefantes para comer la hierba que ha brotado al bajar el nivel del agua tras finalizar la temporada seca. Tardamos unos 40 minutos en llegar a las puertas del parque y comenzar el safari (Precio: 45€ por persona / 4 horas). Los elefantes no tardaron en aparecer en escena. Nos emocionamos muchísimo ya que no solo había adultos, sino también crías de a penas pocos meses de edad, que imitaban con mucha gracia los movimientos de los adultos cercanos, un momento sin duda para el recuerdo. Cuando el sol comenzó a ponerse, pusimos rumbo de a la salida del parque.
DÍA 5: Visita Dambulla y Viaje a Kandy.
Abandonamos Sigiriya para comenzar nuestro viaje a Kandy, «El Pueblo del diente de Buda», pero antes haciendo una parada a 15km en Dambulla y sus sagrados templos/cuevas. Recorrimos el Rock Temple, un complejo formado por 5 templos cavados en la propia montaña a 150m de altura y seguidamente el templo de oro.
Continuamos rumbo al sur dirección Kandy. Nos separan 80km/2h30′ ritmo de Tuk Tuk. El tráfico en Kandy es una locura, pero nuestro triciclo cumple su cometido y consigue llegar al nuevo alojamiento ubicado en mitad de una montaña, a unos 3km de la estación de tren. Por la noche, aprovechamos para dar un paseo por el lago de Kandy y su caótica ciudad.
DÍA 6: Visita Kandy, templo del Diente de Buda y Buda gigante en la montaña
Comienza el día con un magnífico desayuno en la inmensa terraza de nuestro alojamiento, desde ahí podemos ver el centro de la ciudad y el lago Bogambara en completo silencio. Bajamos al pueblo dando un paseo y nos presentamos en la entrada del famoso Templo del Diente de Buda, sin embargo, no nos dejan pasar ya que Alba va «con ropa ofensiva a los presentes» palabras textuales. Realmente ya sabíamos que esto iba a ocurrir, algo similar pasó con mi pantalón corto en Dambulla, pero normalmente siempre te ofrecen unas telas para taparte y entrar a los recintos sagrados según sus normas, pero aquí pecamos de listos y tuvimos que buscarnos la vida para alquilar unos pañuelos en una floristería que había al lado del lago. Finalmente, entramos al templo. Dentro se puede sentir la espiritualidad, pero si es cierto que tal es la aglomeración de gente que no llegamos a conectar con el lugar.
Hacemos una parada para comer en un restaurante local bastante recomendable «Café 1886» y echando en falta una buena siesta nos dirigimos a subir al Buda Gigante. Tienes dos opciones o subir en Tuk Tuk o andando como nosotros (si decides esta opción prepárate para sudar). Una vez arriba en la sombra, pudimos disfrutar de las mejores vistas de Kandy. El resto del día lo pasamos deambulando por el centro colonial, sus calles y sus mercados.
NOTA: los alrededores del templo están plagados de estafadores y falsos guías que no van a dejar de seguirte aunque pases de ellos, así que relájate y no les hagas caso.
DÍA 7: Viaje en tren a Ella.
Suena el despertador y nos ponemos rumbo a la estación, allí nos está esperando un chico que hemos contratado para que nos lleve nuestro Tuk Tuk hasta Ella, para así poder disfrutar del tren que para muchos es el trayecto más bonito del mundo. Compramos billetes en 2ª clase con asientos reservados 2 horas antes de la salida, pero si no quieres arriesgarte puedes comprarlos el día de antes. A los pocos minutos de partir, nos levantamos de los asientos y nos dirigimos a la zona entre vagones, donde las puertas estaban abiertas y la gente local aprovechaba para charlar, sociabilizar, sacar los pies y tomar fotos. Todo esto sumado al increíble paisaje, hacen del tren de Ella una de las experiencias más autenticas de todo nuestro viaje. Tardamos unas 7 horas en llegar a nuestro destino, allí nos esta esperando Vijay con nuestro indestructible Tuk Tuk.
Nos dirigimos a nuestro nuevo alojamiento, el que sin duda fue ¡EL ALOJAMIENTO DE NUESTRO VIAJE! una casa preciosa con una terraza colgante en una ladera con unas vistas al valle y por tan solo 40€ la noche. (Romance in Ella).
Por la noche, nos bajamos al pueblo andando, era noche cerrada y solo podíamos ver lo que el flash de nuestros móviles alumbraban, de repente en mitad del bosque empezamos a ver diminutos puntos de luz, decidimos quedarnos a oscuras y cuando nuestros ojos se acostumbraron a la oscuridad de la noche comenzamos a ver cientos de luciérnagas sobre nosotros, un momento mágico que ya sería para siempre nuestro.
DÍA 8: Ella's Rock y Puente de los 9 arcos.
5:00am el sol sale entre las montañas del valle de Ella. Pocas veces puede uno contemplar el amanecer sin moverse de la cama. Desayunamos y nos dirigimos a la temida Ella’s Rock. Tras bajar a las vías del tren, nos ponemos rumbo a la estación de Kithalella, punto de inicio de la ruta. Llegar a la cima es algo exigente, por eso planifica bien la ruta y sal temprano. En mitad de la subida, cuando más duro se hace, encontramos a dos mujeres de avanzada edad que vendían agua de coco, las cuales salvaron literalmente nuestra vida, ya que el calor era insufrible.
Tardamos 1h15′ en llegar al mirador. En la cima, sacamos unos deliciosos pancakes para celebrar el corto pero duro ascenso, pero de repente… un puto mono robó nuestra bolsa de comida. Un video vale más que mil palabras:
Una vez aceptado que no íbamos a comer nada, comenzamos el descenso y el regreso a casa. Por la tarde, tras una buena siesta bien merecida, fuimos a visitar el Puente de los 9 Arcos, una de las paradas obligatorias en Ella.
DÍA 9: Viaje a Tissamarahama (Yala National Park)
Abandonamos Ella muy a nuestro pesar ya que han sido dos días increíbles. Nos subimos a la Tuk-tuk de nuevo, poniendo esta vez rumbo al sur, más concretamente la costa, pero no sin antes haciendo una parada en Tissamarahama, la puerta de Yala. El trayecto fue una verdadera pasada. Tardamos 2h30’/80km en llegar a nuestro destino. De camino incluso, nos cruzamos con elefantes en libertad en la carretera, Sri Lanka no deja de regalarte momentos inolvidables.
Llegamos a nuestro destino sobre la hora de comer. Por la tarde organizamos el safari de día completo, ya que Tissamarahama no tiene mucho más que ofrecer y preferimos estar en el Parque Natural todo el tiempo que podamos, para así tener más oportunidades de ver al escurridizo leopardo asiático.
DÍA 10: Safari Yala National Park.
Es noche cerrada aún y los zumbidos del despertador retumban en nuestras cabezas, pero es lo que toca cuando hay que ir de safari. Nos subimos al jeep más dormidos que despiertos y nos ponemos rumbo a la puerta de Yala. Mientras esperamos para pagar la entrada podemos ver como el sol va saliendo tímidamente en el horizonte, reflejando sus primeros rayos en un río cercano donde un cocodrilo descansa plácidamente.
Tras cruzar la entrada los animales no tardaron en aparecer en escena, un grupo de 20 ciervos moteados cruzaron el camino saltando totalmente sincronizados, pocos metros más adelante ocurre lo mismo con una familia de sambares. Pasan las horas y con ellas el avistamiento de un montón de fauna: elefantes, cocodrilos, monitores, aves y búfalos, sin embargo, el leopardo se hace de rogar. Recorremos el parque de un lado para otro pero nada. Entramos en las horas de más calor del día por lo que decidimos retirarnos a comer, ya que en estas horas la mayoría de los animales están más inactivos y escondidos del abrasador sol. Durante la comida se acercaron a pocos metros de nosotros una pareja de elefantes que buscaban darse un refrescante baño. Sobre las 3pm nos ponemos en marcha otra vez a ver si tenemos suerte, y de repente… a pocos minutos de salir, el conductor se vuelve loco y comienza a ir a toda prisa a un punto en concreto.
Por fin la larga espera había merecido la pena, ahí estaba el tan deseado leopardo, sentado a la sombra de un arbusto, indiferente de nuestra presencia. Estuvimos disfrutando del momento unos 5 minutos desde la distancia con nuestros prismáticos, hasta que comenzaron a llegar más, más y más jeeps, todos buscando su lugar frente al felino y la foto perfecta. El momento comenzó a incomodarme bastante y al leopardo por lo que vimos también porque no tardo ni 2 minutos en marcharse. Para nosotros fue la guinda del pastel, volvimos al hotel para planificar la ruta de los próximos días y cerrar así la agotadora jornada en Yala.
DÍA 11: Viaje a Talalla, parada en Tangalle y Hiriketiya.
Con las pilas bien cargadas y el tanque de gasolina de 9l lleno, nos ponemos rumbo a la costa suroeste de la isla. La primera parada fue en el pueblo de Tangalle (70km / 2h), tomamos un café y continuamos nuestra marcha hasta Hiriketiya, una parada obligatoria del litoral esrilanqués. Aparcamos el Tuk-Tuk y nos fuimos a la playa. La primera impresión fue brutal, una preciosa playa en forma de herradura, llena de cocoteros, arena dorada, olas impetuosas y lo mejor de todo… ¡NO HABÍA CASÍ NADIE! salvo un grupo de surferos a unos 200m de la orilla.
Estuvimos cosa de dos hora disfrutando del lugar. Si te gusta el surf esta playa es tu sitio, nosotros por falta de tiempo decidimos disfrutar del mar y la tranquilidad, ya surfearíamos al día siguiente. Pese a la belleza de esta cala, decidimos pasar la noche en la playa de Talalla, la que fue para nosotros la más bonita de toda la costa sur y suroeste, a penas conocida y por lo tanto sin turismo. Acertamos de pleno, un kilómetro de litoral solo para nosotros. Dormimos en un humilde alojamiento ya que la zona no tiene mucha oferta turística, y es por eso mismo que la hace tan especial. Pasamos una noche preciosa con el rugido de las olas de fondo mezcladas con el sonido de la selva que rodea este trocito de paraíso.
DÍA 12: Viaje a Mirissa, surf y villa de "lujo".
Abandonamos con mucha pena la playa de Talalla para continuar hasta nuestra siguiente parada, Mirissa (40km / 1h). Esta jornada decidimos darnos un capricho y reservamos una villa a las afueras de Mirissa. Tras hacer el check in, decidimos irnos a hacer Surf a la bahía de Weligama, ubicada a pocos kilómetros de la villa. Alquilamos un par de tablas y nos tiramos toda la mañana luchando contra el Mar de Laquedivas (océano Índico). Una vez exhaustos aprovechamos para ir a dar una vuelta y comer en el pueblo de Mirissa.
Por la tarde fuimos a «coconut tree hill» una colina en uno de los extremos de la playa llena de cocoteros, donde vivimos un atardecer digno de película. Si esta por la zona, esta parada es obligatoria.
DÍA 13: Viaje a Galle, visita a Jungle beach, Unawatuna y atardecer en Dalawella.
Nos enfrentamos al tramo final de nuestro viaje. Hoy toca viajar a Galle, una de las ciudades más importantes del país. Tardamos en llegar 1h15’/40km a nuestro alojamiento dentro del Fuerte de Galle. Hacemos el Check in y nos volvemos a subir al Tuk-Tuk para aprovechar las horas de sol, ya visitaremos la ciudad colonial y sus encantos por la noche.
La primera parada es Jungle Beach, una supuesta playa escondida muy salvaje a pocos minutos de nuestra ubicación. No tardamos en llegar, para acceder tienes que bajar por un camino pedregoso sin dificultad. La cala en sí mima tiene mucho encanto, pero la cantidad de gente que había, sumado a la mierda y plástico, hizo que no estuviésemos más de 30 minutos. Para nosotros fue una visita totalmente prescindible. Con la tripa llena fuimos a visitar a playa de Unawatuna y más tarde Dalawella, donde hicimos tiempo para ver el atardecer haciendo el mono en la cuerda más famosa de todo Sri Lanka.
Por la noche, bien tostados por el sol, aprovechamos para recorrer el interior del fuerte de Galle y contemplar su arquitectura. Nos perdimos por sus calles y comercios, imaginándonos por un momento como era aquel pasado colonial que tan marcado está en cada esquina de la ciudad.
DÍA 14: Última parada... Hikkaduwa
Y llegó la última parada antes de comenzar el regreso a casa, Hikkaduwa (30km/50′). Llegamos a nuestro nuevo destino sobre las 9:00am para así poder hacer snorkel en el famoso arrecife de coral que tiene su playa principal.
Por la tarde, mientras estábamos disfrutando de la piscina del nuevo alojamiento, el propietario nos recomendó que fuéramos al atardecer a un punto concreto de la playa, donde normalmente hay tortugas marinas y puedes bañarte con ellas. A priori nos pareció una idea genial y así hicimos. Cuando llegamos allí, había un par de personas locales indicándonos donde estaban las tortugas, mientras intentaban que les comprásemos algas para darlas de comer, cosa que no hicimos. Nos metimos en la playa y dos enormes ejemplares se acercaron, aproveche para ofrecerles un trozo de alga flotante que no rechazaron y comieron sin dudarlo. Pasaron los minutos y la zona comenzó a llenarse de turistas que repetían el mismo proceso que nosotros. Nos fuimos de ahí con sentimientos encontrados, por una parte, es increíble ver tortugas marinas gigantes en libertad, pero por otra parte, sí están ahí, es porque los humanos las damos de comer y por tanto alterando el ecosistema.
DÍA 15: Regreso a casa.
Todo viaje tiene un final, y el nuestro ha llegado a su fin, pero aun tenemos un largo trayecto hasta la capital del país a 40km/h. Tardamos 4h/150km en llegar a la empresa de alquiler de Tuk-Tuks en Negombo. Sorprendentemente conseguimos devolver a nuestro querido triciclo mecánico en perfectas condiciones, oficialmente ha sobrevivido a la aventura. Un par de horas mas tarde nos fuimos al aeropuerto dirección a casa.
Sri Lanka, ha sido sin duda uno de nuestros destinos favoritos y sobre todo uno de los más auténticos, algo que hoy en día es complicado de encontrar. Es cierto que fuimos en plena crisis económica en septiembre 2022, lo que ayudo a disfrutar del país en una relativa «soledad». Para nosotros es un destino 100% recomendable, donde encontramos atardeceres únicos, playas de arena dorada y olas indomables, la naturaleza más salvaje y delicada, ciudad caóticas con miles de rincones donde perderte, kilómetros infinitos en Tuk Tuk, una gastronomía simple y deliciosa, gente local con historias de superación dignas de película tras el tsunami de 2004, y un millón de razones más que hacen de este destino un auténtico paraíso.
