DIARIO DE VIAJE
DÍA 1: LLEGADA A WINDHOEK. RECOGIDA DEL 4X4 Y COMPRA DE PROVISIONES.
Una nueva aventura comienza. Son las 10:00 de la mañana del 14 de noviembre de 2025 cuando aterrizamos en Windhoek, capital de Namibia. A nuestra llegada, una furgoneta de la empresa Asco Cars nos estaba esperando para llevarnos hasta sus oficinas y entregarnos nuestra tan esperada Toyota Hilux 4×4, con la que recorreríamos las increíbles pistas de este país africano. Aprovechamos el día para comprar las provisiones necesarias para nuestras casi dos semanas de viaje y disfrutar de una increíble cena en el restaurante Joe’s Beerhouse, un lugar muy especial para mí, ya que fue donde celebré mi 30 cumpleaños en 2022.
DÍA 2: COMIENZA LA AVENTURA. CUMPLEAÑOS EN QUIVER TREE FOREST.
Con las primeras luces del día nos pusimos en marcha rumbo al sur, en el día de mi 33 cumpleaños. ¿Y qué mejor manera de celebrarlo que comenzando oficialmente nuestra ruta por Namibia? El objetivo de la jornada era llegar hasta Quiver Tree Forest Campsite (500km / 6h), un increíble campamento rodeado de los árboles más famosos del país: los quiver.
A nuestra llegada elegimos nuestra zona de acampada y, como el camping estaba vacío, escogimos la que mejores vistas tenía. Aprovechamos la tarde para recorrer el entorno, que nos hacía sentir como si estuviéramos en otro planeta, cuyos únicos habitantes eran los simpáticos hyrax, pequeños mamíferos herbívoros que viven en grupos entre las rocas. Aunque su aspecto recuerda al de una marmota, sus parientes más cercanos son los elefantes y los manatíes.
Poco antes de caer el atardecer, nos dirigimos a la casa principal, donde viven los dueños del camping, quienes rescataron hace unos 10 años a dos crías de guepardo y, desde entonces, viven en semilibertad en su propiedad. Juicios aparte, pudimos disfrutar del que es, para mí, uno de mis animales favoritos de todo el continente africano. Por la noche, bajo un infinito manto de estrellas, nos hicimos unas hamburguesas acompañadas de unas cervezas bien frías para celebrar mi cumpleaños, poniendo así fin al primer día de viaje.
DÍA 3: VIAJE A SESRIEM, LA PUERTA DEL DESIERTO DEL NAMIB.
Nos levantamos con el sol en nuestra tienda de campaña. Tras un buen desayuno a base de huevos, aguacate y mucho café, nos lanzamos de nuevo a las pistas del interior de Namibia, dirección al punto más emblemático de todo el país: Sossusvlei y su infinito mar de dunas. Para llegar hasta este remoto lugar, conducimos durante horas por pistas de tierra, atravesando montañas y paisajes completamente yermos, hasta llegar a Sesriem Campsite (510 km / 6h), la puerta de entrada al desierto del Namib y al Parque Nacional Namib-Naukluft.
A modo informativo, para conducir por las diferentes pistas y carreteras de Namibia conviene fijarse en la nomenclatura que acompaña al número de cada vía. No todas las carreteras son iguales y conocer su categoría puede evitar que acabes metido en un buen lío sin necesidad.
- Carreteras tipo B: carreteras principales asfaltadas, generalmente en buen estado.
- Carreteras tipo C: carreteras sin asfaltar, normalmente de grava y tierra, pero generalmente transitables con vehículos convencionales, siempre adaptando la conducción a las condiciones del terreno.
- Carreteras tipo D: pistas de menor categoría, habitualmente más deterioradas y con condiciones más exigentes, donde se recomienda contar con un vehículo 4×4.
Sobre la hora de comer llegamos al campsite, que tantos buenos recuerdos me traía. Mientras montábamos la tienda, una inesperada tormenta de arena nos obligó a cancelar la operación si no queríamos dormir a la intemperie el resto del viaje. (Nota mental: montar el campamento en el desierto cuando tengas claro que ya no te vas a mover de ahí.) Antes de salir a dar una vuelta por los alrededores del parque nacional, aprovechamos para darnos un buen baño en la piscina y combatir así los casi 40 grados que apretaban a esas horas.
Pagamos las tasas del parque para dos días (30 € por persona) y nos adentramos en el Parque Nacional. Durante las primeras horas nos dedicamos a buscar fauna cerca de las dunas. Tuvimos la suerte de encontrarnos con un gigantesco grupo de oryx, tan característicos por sus cuernos completamente rectos y su particular combinación de colores blancos y negros. Cuando el sol comenzó a esconderse por el horizonte, subimos a Elim Dune para disfrutar del espectáculo. Los colores del atardecer se fusionaban a la perfección con el tono rojizo de las dunas y la arena del desierto. Pese a nuestra edad y a tener algún menisco menos de la cuenta, nos lanzamos corriendo duna abajo hasta acabar haciendo la croqueta por la arena hasta llegar a nuestro coche y poner rumbo de nuevo al campamento.
DÍA 4: SOSSUSVLEI.
La principal razón para dormir en Sesriem Campsite es que a sus huéspedes se les permite entrar una hora antes al Parque Nacional Namib-Naukluft, ya que la puerta de acceso se encuentra dentro del propio camping, algo clave para llegar a Sossusvlei antes de que aparezca la mayoría de visitantes. Con las primeras luces del día recorrimos los 60 km de carretera entre dunas, mientras el sol se alzaba sobre el horizonte y jugaba caprichosamente con las serpenteantes sombras de aquellas gigantescas masas de arena. Al final de la carretera asfaltada llegamos a las puertas de Sossusvlei. A partir de este punto hay dos opciones: dejar el coche y utilizar uno de los 4×4 del propio parque que te llevan hasta el interior del desierto, o, si te gusta arriesgar como a nosotros, aventurarte por tu cuenta. El recorrido son unos 5 km de arena profunda y es obligatorio llevar un 4×4 y tener un mínimo de experiencia en este tipo de conducción. Tras bajar la presión de los neumáticos hasta 1,5 bares, nos lanzamos a la aventura, disfrutando como niños pequeños mientras atravesábamos las dunas y la arena hasta llegar al mismísimo corazón del desierto del Namib.
Cumplimos nuestro deseo de llegar sin gente a este increíble y remoto rincón del mundo. Aprovechamos para recorrer la laguna de arcilla blanca de Deadvlei y fotografiar los esqueletos de acacia de más de 900 años, cuyas sombras crecían más y más mientras el sol se alzaba sobre Big Daddy, la duna más alta de Sossusvlei. Cuando comenzó a llenarse de gente para contemplar el espectáculo de luces y sombras, nosotros comenzamos el ascenso de los 325 metros de Big Daddy. No te voy a engañar, la subida es más dura de lo que parece, y más aún si, como nosotros, no eliges una subida progresiva para alcanzar la cresta. Tras una hora de ascenso, finalmente alcanzamos el techo de Sossusvlei. Allí, el infinito mar de dunas se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Un paisaje imposible que siempre recordaremos como uno de los lugares más especiales que hemos tenido la suerte de compartir.
Después de descender de Big Daddy continuamos recorriendo la zona de Sossusvlei y nos acercamos hasta Big Mama, otra de las enormes dunas que dominan este paisaje. Sin embargo, el calor comenzaba a apretar con fuerza y decidimos retirarnos durante las horas centrales del día a la piscina del camping. Aún nos quedaban algunos lugares por descubrir y, sobre todo, mucha fauna que intentar localizar, así que, después de llenar el estómago y esperar a que las temperaturas dieran un respiro, volvimos a adentrarnos en el parque para recorrer la zona de Dune 45 y sus alrededores en busca de vida entre las dunas.
La gran recompensa no tardó en llegar. En primer lugar, un oryx nos permitió seguirle durante un buen rato y fotografiarlo tranquilamente. Más tarde, en la base de Dune 45, una numerosa familia de springboks cruzó la carretera, perdiéndose entre la inmensidad del desierto del Namib. Antes de terminar la jornada, completamente exhaustos y acalorados, recibimos una visita inesperada junto a nuestra tienda de campaña: un pequeño chacal que, curioso, olisqueaba nuestro coche en busca, aunque sin éxito, de algo que llevarse a la boca.
DÍA 5: VIAJE A LA COSTA. BIENVENIDOS A SWAKOPMUND
Con el sol de un nuevo día, nos pusimos en marcha para afrontar una larga jornada de conducción por el desierto del Namib con dirección a Swakopmund (340km/6h). El trayecto, aunque algo largo en tiempo, fue una verdadera pasada, ya que discurría íntegramente por pistas de arena compacta. Primero hicimos una parada en Solitaire para repostar combustible, comprar unos libros sobre fauna africana y, por supuesto, probar unos de los famosos pasteles de canela de su «bakery«. Después atravesamos el Trópico de Capricornio, mientras el camino nos llevaba a ascender pequeñas montañas y descender hacia profundos valles. Los colores cálidos del paisaje cambiaban continuamente a nuestro alrededor, haciendo que aquel recorrido se convirtiera, personalmente, en uno de mis trayectos off-road favoritos hasta la fecha.
Finalmente, llegamos a orillas del Atlántico, donde el desierto y el mar se unen en un paisaje tan extraño como espectacular. Continuamos por la costa, dejando atrás Walvis Bay, hasta llegar a Swakopmund. Tocaba dejar atrás, por unos días, la tienda de campaña para dar paso a un pequeño apartamento en el centro de la ciudad y disfrutar de nuevo de las comodidades de la civilización.
DÍA 6: VISITA WALVIS BAY. KAYAK ENTRE FOCAS EN PELICAN POINT.
Nuestro segundo día en la costa de Namibia lo dedicamos a explorar Walvis Bay y a hacer un recorrido en kayak entre cientos de focas en las inmediaciones de Pelican Point. Hay un par de empresas que ofrecen este tipo de actividades y nosotros contratamos los servicios de Pelican Point Kayaking. Sí, el nombre no es precisamente el más original del mundo, pero la verdad es que la actividad fue una auténtica pasada. Antes de comenzar nuestra pequeña travesía, un grupo de chacales nos deleitó con su presencia mientras se alimentaba de las crías de foca que habían muerto recientemente.
Recorrimos durante algo más de una hora la costa de Pelican Point. Tristemente, las malas condiciones del mar no nos permitieron salir a mar abierto en busca de mamíferos acuáticos de mayor tamaño. Sin embargo, remar mientras las curiosas focas perseguían la estela de nuestro kayak, llegando incluso en ciertos momentos a saltar delante de nosotros, fue una experiencia brutal. Antes de poner rumbo a Swakopmund, nos encontramos con un grupo gigantesco de flamencos en una marisma, así que no perdimos la oportunidad de parar a fotografiarlos.
Por la tarde, aprovechamos para recorrer Swakopmund, descubrir su arquitectura colonial, curiosear por sus tiendas y visitar su museo de minerales, muy recomendable. Pero, sobre todo, aprovechamos para disfrutar de su gastronomía. En el puerto hay un par de restaurantes que merecen mucho la pena: The Tug y Jetty 1905. Ambos cuentan con una carta centrada principalmente en productos del mar, donde destacan especialmente sus ostras, prácticamente tiradas de precio si las comparamos con lo que pagaríamos en España.
DÍA 7: SKELETON COAST. VIAJE A SPITZKOPPE.
Durante nuestros viajes no solemos hacer mucha vida nocturna, por lo que siempre nos levantamos muy pronto para aprovechar al máximo las largas jornadas. Antes de poner rumbo de nuevo al interior del país, nos adentramos brevemente en la Skeleton Coast de Namibia, un lugar donde las dunas del desierto mueren en las aguas traicioneras del océano Atlántico y donde tantos barcos han acabado encallados, dando nombre a esta inhóspita costa. En este lugar hay una infinidad de posibilidades y alternativas, pero nosotros únicamente aprovechamos nuestro 4×4 para recorrer un tramo de playa y dunas haciendo un poco de off-road, hasta que un breve susto nos recordó que, en la Skeleton Coast, no hace falta ser un barco para acabar convirtiéndose en un elemento más del paisaje.
Uno de los puntos más famosos de la Skeleton Coast es Cape Cross, hogar de una de las mayores colonias de lobos marinos del mundo. Para llegar hasta aquí no hace falta un 4×4, ya que existe una pista de arena compacta por la que puede circular prácticamente cualquier vehículo. Aunque a priori la visita pueda parecer una auténtica preciosidad, la realidad es bastante más dura. Todo comienza con el olor nauseabundo de las heces y de las crías de foca muertas en descomposición; continúa con el ruido ensordecedor y el caos de cientos de adultos amontonándose y aplastándose unos contra otros; y termina con lo más duro de todo: las numerosas crías recién nacidas que vagan perdidas, todavía arrastrando el cordón umbilical por la arena, en busca de una sombra donde esperar la muerte. Muchas veces esa sombra puede ser los bajos de tu propio coche y, al salir, tendrás que apartarlas y dejarlas de nuevo a su suerte bajo el sol abrasador del desierto. Como decía, no es una visita para todo el mundo.
Tras la intensa visita de Cape Cross, nos volvemos a adentrar en el desierto dirección a una de mis paradas favoritas del país. Es hora de visitar Spitzkoppe (160 km/3h), uno de los paisajes más icónicos de Namibia, un espectacular conjunto de montañas y enormes formaciones de granito rojizo que emergen de la inmensidad del desierto. A nuestra llegada, al ser de nuevo los primeros, pudimos elegir la parcela de camping que más nos gustase, así que, por supuesto, escogimos una con vistas al Matterhorn, la montaña más famosa del parque, con sus 1.728 metros de altitud.
Cuando las horas de máximo calor pasaron, nos pusimos a recorrer el parque, visitando el famoso arco de piedra y perdiéndonos entre un sinfín de formaciones rocosas de formas super locas. Aunque quizás el punto que más nos gustó fue la subida a Bushman’s Paradise, donde nos adentramos en un pequeño valle oculto en lo alto de las rocas en busca de las famosas pinturas rupestres No encontramos ninguna, probablemente por ser tan tacaños como para no contratar un guía que nos indicase dónde estaban, pero la subida y el propio lugar ya merecieron muchísimo la pena.
Al atardecer, los rayos del sol tiñeron de un fuerte rojo sangre todo el paisaje. Aunque unos noruegos trataron, sin éxito, de ocupar nuestro campamento, conseguimos disfrutar del espectáculo con una hoguera y unas cervezas bien frías. Por la noche, nos fuimos hasta el arco de piedra para hacer unas fotografías nocturnas bajo el manto de un millón de estrellas. Sinceramente, pocos wild camping en el mundo pueden presumir de tener un paisaje como este, donde da igual la hora del día: la luz del amanecer, los colores del atardecer, las noches estrelladas o simplemente un paseo a 40 grados a las tres de la tarde entre sus montañas, hace de este entorno un lugar imprescindible.
DÍA 8: DAMARALAND.
Amanece en Spitzkoppe. Estoy seguro de que despertarse en Marte tiene que ser algo parecido a esto. Mientras apuramos al máximo nuestra cafetera, aprovechamos para disfrutar por última vez de las vistas del Matterhorn antes de comenzar a desmontar el campamento. Son las 10 de la mañana cuando dejamos atrás este oasis de granito rojo para poner rumbo a la región desértica de Damaraland, nuestra última parada antes de llegar a Etosha. (228km /4h)
Llegamos sobre la hora de comer a nuestro destino improvisado y nada recomendado: el camping de Aba-Huab. Elegimos esta opción porque se encontraba en el cauce seco del río que da nombre al camping y porque nuestra intención era aprovechar la tarde para hacer una ruta en 4×4 por el lecho del río, en busca de los famosos elefantes del desierto que habitan esta región, perfectamente adaptados a este durísimo entorno. Los guías locales nos pidieron una fortuna por llevarnos hasta ellos, un precio que no estábamos dispuestos a asumir, y más teniendo en cuenta que al día siguiente llegaríamos a Etosha. Así que, en contra de las indicaciones de la gente local, decidimos buscarlos por nuestra cuenta, protagonizando la que ha sido, con diferencia, la conducción off road más extrema de mi vida. Lógicamente, y para sorpresa de nadie, no encontramos a los elefantes. Sin embargo, llegamos hasta un cruce de ríos secos donde pudimos divisar un montón de fauna: kudus, avestruces y numerosos oryx.
DÍA 9: RUMBO A ETOSHA.
Sin ninguna tristeza dejamos atrás Damaraland para poner rumbo a Etosha National Park por carreteras asfaltadas. Se agradece cambiar las vibraciones de la tierra por el silencio del alquitrán (310km /4 h). Llegamos a Etosha Trading Post, un alojamiento que me trae muy buenos recuerdos. Se encuentra a apenas 5 km de la puerta de entrada Andersson y cuenta con restaurante, gasolinera y piscina, además de costar hasta diez veces menos que alojarse dentro del propio parque nacional.
A nuestra llegada, mientras montábamos la tienda de campaña, un elefante apareció para beber en el waterhole situado a escasos 50 metros de nosotros. Una primera toma de contacto con Etosha que difícilmente podía haber sido mejor. Por la tarde, nos dedicamos a organizar los circuitos que recorreríamos durante el próximo día y medio, una planificación que te dejo detallada justo debajo del mapa.
PROPUESTA DE UN SAFARI DE DÍA COMPLETO DESDE ANDERSSON GATE
1. OMBIKA: Nada más entrar al parque por la carretera principal que conduce hacia Okaukuejo, encontrarás un pequeño desvío a la izquierda. Allí se encuentra un waterhole donde suele concentrarse bastante fauna, especialmente antílopes y elefantes, aunque ocasionalmente también pueden aparecer leones.
2. OKONDEKA: No pierdas demasiado tiempo y trata de llegar lo antes posible a este punto, situado en la esquina superior izquierda del mapa. Es una de las zonas donde más frecuentemente he encontrado leones. Fíjate bien entre los arbustos, ya que suelen estar tumbados a la sombra e incluso pueden encontrarse junto a alguna presa. Nosotros tuvimos la suerte de avistar dos rinocerontes negros y dos leones, un macho y una hembra.
3. OLIFANTSBAD: Antes de llegar a Okaukuejo puedes desviarte hacia el este, en dirección a Halali, y perderte por el laberinto de caminos secundarios con el objetivo de llegar hasta Olifantsbad y Aus. Los avistamientos de elefantes y leones son relativamente frecuentes en esta zona. Nosotros vimos una familia de leonas, un macho solitario y un pequeño grupo de elefantes.
4. SALVADORA: Esta zona es conocida por los avistamientos de guepardos, aunque nosotros no tuvimos suerte. Aun así, merece la pena recorrer los alrededores y prestar atención a las zonas abiertas, donde suelen descansar o desplazarse.
5. GOAS: Otra zona con posibilidades de avistar leopardos. Nosotros, en cambio, tuvimos un encuentro espectacular con una familia de decenas de elefantes que pasó a escasos 20 metros de nuestro coche. Después aprovechamos para comer en el restaurante de Halali, justo al lado del recorrido. Además, en el interior del campamento hay un waterhole a la sombra, un lugar perfecto para parar a descansar, comer algo y seguir observando fauna.
*TODOS ESTOS LUGARES / WATERHOLES APARECEN EN GOOGLE MAPS Y MAPS.ME
DÍA 10: SAFARI EN ETOSHA NATIONAL PARK .
Con el sol aún escondido sobre Etosha, nos ponemos en marcha dirección a Andersson Gate, con el objetivo de ser los primeros en entrar al parque, algo que conseguimos. Antes de acceder, hay que pasar un pequeño control donde revisan los pasaportes y el vehículo, y te entregan un ticket con el que posteriormente tendrás que abonar los 30 € por persona, válido durante 24 horas dentro del parque. El pago se realiza en Okaukuejo, pero no es necesario ir directamente hasta allí; nuestra recomendación es aprovechar las primeras horas del día, cuando la fauna está más activa, para comenzar a recorrer el parque y dejar el pago para las horas de máximo calor, cuando el avistamiento de los animales disminuye considerablemente.
Una vez dentro, la fauna no tardó en aparecer. El recorrido que había propuesto el día anterior fue todo un éxito y, desde los primeros kilómetros, empezamos a enlazar avistamientos que hicieron de aquella jornada una auténtica pasada. Elefantes, leones, jirafas, cebras, antílopes y un montón de aves fueron apareciendo durante el recorrido, hasta que prácticamente solo nos faltaron dos de las especies que más ganas teníamos de encontrar: guepardos y leopardos. Pero esto es algo que tenemos asumido cuando recorremos los parques por libre; encontrarse con ellos depende en gran medida de la suerte, ya que no contamos con la ayuda que tienen las empresas de estar todos en continuo contacto sobre los avistamientos y la ubicación de los animales.
Si con algo nos quedamos de esta increíble jornada fueron tres momentos. Al amanecer, seguimos durante un buen rato a un león macho, hasta que su silueta terminó perdiéndose entre la maleza, camuflada con el mismo color que su melena. A mediodía, en el waterhole de Goas, una familia de decenas de elefantes nos regaló uno de los momentos del viaje, dejándonos disfrutar de ellos durante cerca de media hora mientras se bañaban, jugaban e interactuaban unos con otros. Y al atardecer, justo antes de regresar al campsite, nos topamos con un solitario rinoceronte negro al que seguimos hasta que la hora de cierre del parque nos obligó a retirarnos y dejarlo atrás.
DÍA 11: SAFARI EN ETOSHA N.P Y VIAJE A OTJIWARONGO.
Repetimos la misma rutina del día anterior. Como ya teníamos los dos días pagados, pudimos entrar más rápido al parque y comenzar a buscar animales desde primera hora. Estuvimos recorriendo Etosha hasta las 13:00, cuando el calor del mediodía obliga a la fauna a esconderse en busca de algo de sombra. Tuvimos la suerte de volver a encontrarnos con los mismos protagonistas del día anterior, incluidos una pareja de jóvenes leones que volvieron a cruzarse en nuestro camino.
Una vez fuera del parque, desmontamos el campamento y nos pusimos oficialmente de regreso hacia la capital, aunque antes nos quedaba una última parada en Otjiwarongo (167 km/2 h). Una vez allí, disfrutamos de una tarde tranquila en un hotel que nos dimos como capricho después de unos cuantos días durmiendo en tienda de campaña. La razón de hacer esta parada era visitar al día siguiente el Cheetah Conservation Fund, situado a unos 45 km de nuestro alojamiento.
DÍA 12: CHEETA CONSERVATION FUND. VIAJE DE REGRESO A WINDHOEK.
Última visita de nuestra aventura por Namibia: el Cheetah Conservation Fund (CCF), una organización dedicada desde 1990 a la conservación del guepardo y a la búsqueda de soluciones que permitan su convivencia con las comunidades ganaderas. Namibia alberga una de las mayores poblaciones de guepardos salvajes del mundo, muchos de ellos fuera de las áreas protegidas, lo que hace especialmente importante el trabajo que aquí se desarrolla. Nuestra última parada nos llevaría a conocer de cerca este interesante proyecto.
Durante un par de horas, estuvimos recorriendo el centro, viendo algunos vídeos sobre el proyecto, hablando con los cuidadores y conociendo más de cerca a mi animal favorito de la sabana. Antes de irnos, asistimos, previa reserva, a uno de los entrenamientos de simulación de caza que realizan para preparar a los guepardos antes de introducirlos de nuevo en su habitad. Es espectacular ver la velocidad que pueden alcanzar estos felinos, pero lo que más me fascinó fue su capacidad para cambiar de dirección a toda velocidad. ¡Qué envidia de meniscos! Otro de los proyectos interesantes del centro es el adiestramiento de mastines para proteger al ganado y evitar así que los guepardos puedan acercarse, reduciendo el conflicto con los pastores, que en muchas ocasiones termina con la muerte de estos magníficos animales. Tras la visita, regresamos a Windhoek. (300km/3h)
DÍA 13: REGRESO A CASA.
Todo viaje es más bonito porque tiene un final, y el nuestro por las tierras salvajes de Namibia ha llegado a su fin. Tras una buena cena de despedida en Joe’s Beerhouse, a la mañana siguiente pusimos rumbo al aeropuerto de la capital, dirección a casa.
He tenido la suerte de recorrer Namibia en dos ocasiones. La primera vez junto a mis hermanos y esta segunda vez junto a mi compañera de vida y aventuras. Hay muchos destinos que tengo claro que jamás repetiré; sin embargo, tengo claro que podría volver una tercera vez a este increíble país. La libertad, la belleza y la fauna salvaje se juntan para crear un destino como pocos en el mundo, donde puedes lanzarte a la aventura sin ningún miedo, pues siempre encontrarás algún campsite donde alojarte y, en caso de problemas, alguien dispuesto a ayudarte. Pero si con algo me quedo por encima de todo, son los colores de este país. Mires donde mires, todo es bello: los tonos rojos y blancos de sus desiertos, el color de la arcilla en sus caminos, los naranjas y violetas de sus cielos, los verdes de su flora y ese azul infinito que parece no tener fin. Namibia es un país de contrastes, de paisajes que cambian a cada kilómetro y de momentos que, sin darte cuenta, terminan formando parte de ti. Hay lugares a los que siempre quieres regresar, y Namibia es, sin duda, uno de ellos.
